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viernes, 10 de febrero de 2012

BARRIGA VERDE: EL CUENTO


Boy Pictures, Images and Photos

A fines del siglo pasado, vagaba por las calles de Santo Domingo un pobre muchacho, que parecía ser penínsular, sin paradero fijo y sin alma cristiana que por él fuese.  No se sabía cuándo ni cómo ni dónde había arribado a estas hospitalarias playas.  Solamente se aseguraba que había sido robado en España y traído aquí, no se sabe por qué motivos, en algún buque de los que por rareza se aparecía por  estos puertos.

Su edad dicen que no pasaba de 5 o 6 años, aunque acaso llegaría a diez.  El inclemente clima de la isla había hecho fácil presa en el abandonado niño, que le consumía, relajando su organismo, le habían proporcionado protuberante vientre y mortal color a su fisionomía.

Y, o porque estaba cubierto con camisa hecha jirones que dejaban ver sus venas azuladas verdeando sobre el blanquísimo cutis de su vientre, según opiniones, o, lo que es más corriente, por que vestía un viejo y raido chaleco de paño verde, el caso es que los ociosos muchachos de la época, con su habitual malignidad, bautizaron a su indigno colega con el ridículo mote de Barriga Verde, nombre por el cual era generalmente conocido.

Un día, un pacífico habitante de la ciudad, hombre de color, de holgada vida, persona de bien de los que abundaban en esa época, fue llamado por su esposa:

¡Ay!- taita Polanco, que así lo denominaba, -mira que ahí en la calzada está un pobre muchacho blanco enfermito ¡el pobre! Está tiritando de calentura.

Era el dicho habitante de temperamento que aquí somos todos, es decir generosos y hospitalarios a carta cabal, que dejando sus herramientas salió a la calle y reconociendo al muchacho, con dulzura exclamó:

 -¡Eh! Barriga Verde,  ¿Qué tienes, estás mal?-

El niño apenas respondió con un débil gemido y continuó temblando de frío
-¡Pobre muchacho!- murmuró taita Polanco.

Ayudado por su  mujer lo cargaron y lo entraron en su morada dónde ya le habían hecho preparar un aposento cómodo. Luego le prepararon pócimas caseras y cuidados, al poco tiempo Barriga Verde se restableció.  Le rasuraron la cabeza por estar llena de piojos y lo vistieron con un sayon blanco como de muerto.  El esmero en la alimentación provocó que algunas personas se refirieran  a su aspecto como el de un botón de rosa, muy blanco,  sonrosado, de ojos azules, pelo rubio, nariz perfilada, cara redonda  y lleno de carnes. Parecia inteligente.  La familia le rodeaba de atenciones y cuidados, tratándole como un príncipe.  La gente se había acostumbrado a ver al honrado y trabajador taita Polanco y su postizo hijo, y admiraba también el aspecto distinguido del último y su preciosa carita.

Falta hacer notar que tiempo después de estar aquí el desamparado niño, llegaron unos papeles que sin duda eran reales provisiones o requisitorios para que se buscara a un niño que había desaparecido de la
Corte de España, requisitorios que dicen, se dirigieron a todos los dominios españoles; perdida ya la esperanza de encontrársele en la peninsula.  Pero un día misteriosamente, nadie sabe como sucedió, Barriga Verde desapareció tan misteriosamente como habia aparecido, cuando ya estaba hecho un mocito y cuando mas encariñados estaban todos. Aquél hogar felíz fue todo confusión y llanto.


Y así hemos de hallar a taita Polanco y a su digna compañera, llorando la ausencia del niño, olvidados del vivir, sobre sus butacas de cuero, llorando a lágrima viva, y con unos gemidos capaces de partir los callaos, como si se les acabase de morir un hijo único.
Así las cosas, ocurrió un incidente que vino a ligarse por extraño modo a este que parece cuento de las Mil y Una Noches, y no es sino historia pura.
Habían ya pasado muchos años.
Vivía en la ciudad un señor respetable que era Escribano y de cuyo nombre nadie se acuerda.  Tenía entre manos un asunto grave que había de resolverse en la Metropoli. El Escribano debía pasar a España forzosamente, debido a esta cirunstancia.
Y meditando en ello, sintió la necesidad que tenía de una persona de su confianza que le acompañara a tan largo viaje.
Fijose naturalmente en el hombre mas honrado de la ciudad, en el viejo y querido Taita Polanco.
Una tarde dijo al digno artesano, tomándole aparte:
-Tengo un grandísimo empeño contigo, mi querido taita Polanco; pero no me has de decir que no.
-Mande su merce, señor Escribano, lo que guste; que en todo lo que pueda ser servido mientras no sea de dinero, porque no lo tengo, le serviré de buena gana.
-Sabrás pues, que debo ir a Espana a asunto urgente, y necesito una persona de confianza y de bien que haga conmigo el viaje.
Taita Polanco dió un brinco de puro asombro.
-¿Señor? "Este pobre negro" ir a España. ¿Habla su señoría de veras?
-Como lo oyes- ¿De que te asombras?, buen Taita Polanco. ¿Te decides o no? Te advierto me harías un gran servicio.
-Pues bien si su senoria se empeña...., dijo cono visible turbación, y encongiéndose de hombres, como resignado temiendo si insistía en sus vacilaciones.
LLegó el día de la partida, que en aquellos tiempos se temía los que viajaban que fuese eterna, pues se hacían testamentos y confesaban y comulgaban antes de embarcarse; y hubo pucheros de parte de la pobre anciana.
Tras de muchos meses de navegacóon, tocó al fin el buque tierra. En aquel bullicioso Madrid en medio del que no se reconocería sin duda al pacífico ciudadano taita Polanco quien vivía tranquilamente en la misma casa que se hospedaba el Escribano; cuando que el día menos pensado, yendo distraídamente por una calle adelante, bien abrigado con una capa verde con la cual había tenido la atención de obsequiar aquél, encontrose con un coche ricamente ataviado y con las armas de una gran casa.
Tal vez el coche iría a atropellar brutalmente a aquel americano, que juzgaría algún esclavo manumitido o escapado, cuando del coche se arroja un personaje joven de distinción y vestido con suma elegancia, quien al verlo, y sin poderse contener, lanzó esta exclamación:
-Papa!-
-Papa! tornó a exclamar el desconocido bajando del carruaje y precipitándose en sus brazos, mi querido papá, ¿que ya no me conoce su merce?  ¡¡Yo soy Barriga Verde!!
El pobre taita Polanco creía que soñaba y no podía darse cuenta de lo que estaba viendo y oyendo.
Separa a poco a su extraño hijo. y con profunda emoción reconoció a su protegido, el muchacho abandonado y enfermo en las calles de Santo Domingo, a Barriga Verde.
Correspondió pues en sus abrazos y cariño que éste le prodigaba, pero no se atrevió a aceptar la honra, de compañarle en el carruaje, por considerarle un gran personaje.
Por fin, lo persuaden, le empujan y dan con él sobre los cojines del lujoso carruaje.
El coche arrancó y taita Polanco se quedó lelo.
Abrumaba al buen viejo a preguntas acerca de ma fulana ( la mujer de este) y de los demás miembros de la familia, así como de Santo Domingo y de cuanto constituía los recuerdos dichosos de su infancia allí transcurrida.
Con las manos de taita Polanco gruesas y calludas entre las suyas finas y aristocráticas, le decía:
-¡Que inesperado suceso! verdad, papa? Cuándo iba ni yo ni nadie figurarme que debia tener hoy tan feliz encuentro. ¿Y como ha venido su merce a la corte? vaya, cuéntemelo.
El viejo taita Polanco, que no volvía de su asombro, se restregó los ojos como quien despierta de un sueñoy le contó.
-Sabra vuestra Excelencia que.....-
El generoso joven abrazó nuevamente a su bienhechor.
-No mi querido papá, entiéndame su mercé que para su mercé no soy vuestra Excelencia, ni nada, sino el mismo Barriga Verde de otro tiempo, el niño abandonado y recogido por su mercé. No vuelva su mercé a hablarme en esos términos....si no quiere que me enoje. A su mercé la vida le debo, y va su mercé a de ver como sabré agradecerselo mi familia y la nobleza de España.
Y en esto y otros interesantes coloquios se recorrió el trayecto.
Llegados al palacio que ocupaba el agradecido  joven y su familia dió el brazo cariñosamente a su bienhechor, y entraron así en el palacio, con estupefacción de cuantos presenciaban tan singular escena.
En efecto, el pobre muchacho abandonado de las calles de Santo Domingo, era nada más y nada menos que el heredero de una de las casas más encopetadas de España de primera clase y tal vez muy allegada a la Real Familia.  Era, además según dicen, casado y jefe de una familia encumbradísima.
Presentole luego con orgullo a su esposa y amigos y paso a ser el humilde taita Polanco desde aquel momento el señor de la casa y el ídolo de la familia, a pesar de su color y de su modestia.
Informado el Soberano de su noble proceder se dispuso una recepción o audiencia para presentar al favorecido y concederle el titulo de Capitán de las milicias de Santo Domingo y a sus descendientes oficiales del ejército desde su nacimiento. A taita Polanco se le consedió un pedido personal, y éste solicitó tener el privilegio de asistir con espada cenida a comulgar el Jueves Santo en compañia del Gobernador de Santo Domingo así como que se le concediera a la "Hermandad de San Juan"  en Santo Domingo, el derecho a usar el pendón de la Cruz Blanca de Malta. Sus peticiones les fueron concedidas.
El tiempo que allí paso, tres meses, según versiones fueron de fiestas y expansiva alegría. Demás está decir que la despedida eterna, como tenía que resultar, fue tiernísima y dolorosa, no acentuando el joven noble a desprenderse de los brazos del viejo.
Lloraban los dos abrazados y confundidos en uno.
!Y que pruebas las de la generosidad del caballero!
Trajes magníficos, uniforme muy rico, para el nuevo Capitán, y vestidos y alhajas de gran valor para la esposa, asié como otros regalos primorosos para los demás miembros de la familia. Y de recuerdos para todos, un mundo.
El caso es que la tradición afirma que el flamante Don. N Polanco, antes taita Polanco, Capitán de los Ejercitos de S.M. el Rey de España, Caballero Gran Cruz y ennoblecido hasta los huesos, desembarcó ostentando un magnificó uniforme y en el pecho noblísima placa.
Pero lo raro es que gran señor y todo continuó el honrado taita Polanco viviendo donde le hemos conocido, con un mismo oficio y en el mismo estado.                                                   Dic. 1888

2 comentarios:

José Augusto Moreta Pérez dijo...

Y que ver con el mote Sanjuanero?

José Augusto Moreta Pérez dijo...

Y que ver con el mote Sanjuanero?