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domingo, 2 de junio de 2013

Soplando los cristales




José Enrique Méndez



Viento y agua desgarrando los cristales 

emplazando y desplazando
afinando la desigualdad del alma brusca y dura

Viento  vivificando el espesor de la noche marchita
estremecida


Viento soplando bajo las piedras, 
despertando polvo de polvo de los polvos 
de los nichos

Inquietas se agigantan  indignadas las hazañas

De nuevo el  soplo del viento deshace las formas

  la porosidad del horizonte
 
y a velocidad de la sangre


desde la sombra fria
  el vocerío victorioso arrebatado

renace robusto
con nuevos nervios
tibias
rótulas
y
puños sublevados

clamando la vida que  florece

y perdura,


Bravo, canto a la permanencia de la vida debería nombrarse el poema. Pero Viento y Agua le viene bien, sobre todo, que después de estar atemorizado el lector por cernirse sobre él esos dos elementos que la inquietud traen, se impone el canto al penetrar ese mismo viento "la porosidad del horizonte", cambiando dialéctica mente "las formas", y es que la misma tempestad engendra la armonía, la tranquilidad anunciada que precede la violencia. La vida entonces surge "de ese polvo de los nichos" y se alza triunfante, porque polvo somos y en polvo habremos de re-convertirnos en la rueda eterna del tiempo... Felicidades por este canto triunfal a la vida, desde la amenaza de esos dioses tempestuosos como son Viento y Agua.
Fraterno, Sobieski



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