viernes, 17 de mayo de 2013

Apuntes de Tomas F. Reilly en /Destrujillización inconclusa: el estado confesional/ Argelia Tejada Yanguela


 

En San Juan de la Maguana el gobierno organizó un mitin el  9 de abril de 1961, precedido por artículos en La Nación y  El Caribe titulados «Descubren complot terrorista auspicia monseñor O’Reilly contra Gobierno Dominicano» (7 de abril de 1961). Uno de los sacerdotes expulsados hizo declaraciones a la prensa de Chicago explicando como el jefe del Partido Dominicano, Virgilio  Álvarez Pina, viajó a San Juan de la Maguana para organizar el evento y seleccionar amigos del obispo forzándolos a fungir de oradores. Cuatrocientos soldados fueron trasladados de la capital a San Juan, vestidos de campesinos. El día de la manifestación unas 10,000 personas vociferaron slogans antiyankees... Gritaban «a la horca», «al paredón», «muerte a los curas».

A través de reportajes de periódicos se decía que los habitantes de la provincia solicitaban la expulsión de Monseñor O’Reilly.

Después de otra manifestación realizada el 12 de abril, oficiales del ejército y soldados vestidos de civiles, entraron en la rectoría en San Juan y la residencia del obispo saqueando los dos edificios y prácticamente destrozando el interior. Al día siguiente el obispo, sacerdotes y religiosas estadounidenses abandonaron San Juan y se refugiaron en el Colegio Santo Domingo de la capital. El 29 de mayo, Trujillo dio la orden de apresar a los obispos extranjeros y encarcelarlos el 30 de mayo. Lo demás es historia conocida. Varias horas después de dar la orden, Trujillo caería ajusticiado por un grupo de civiles y militares. Esto no impidió que agentes del SIM fueran al Colegio Santo Domingo y apresaran a Monseñor O’Reilly. Al día siguiente, con Trujillo muerto, Joaquín Balaguer lo liberaría.

Los campesinos del Cibao y los de San Juan de la Maguana reaccionaron de forma diferente a los ataques a la iglesia, coherente con las diferencias culturales de las zonas. Los campesinos de la diócesis de La Vega amanecían con machetes al interior de la catedral para proteger a monseñor Panal. En cambio, los campesinos de la diócesis de San Juan de la Maguana no reaccionaron.

Mientras la región Norte tiene siglos de colonización religiosa española y de conformación de un clero autóctono, en el Suroeste, la evangelización sistemática se inició con la ocupación de los Estados Unidos en 1916.

La diferencia cultural-religiosa entre ambas regiones se manifestó con anterioridad al período trujillista con el surgimientodel movimiento mesiánico político-religioso alrededor del culto a  Olivorio Mateo, o Papá Liborio. Este movimiento constituye uno de los pocos mesianismos del siglo xx, de interés antropológico y sociológico más allá de las Antillas. En 1922 el gobierno de ocupación reprimió el movimiento y asesinó a Olivorio Mateo en la zona de Maguana, cercana al pueblo de San Juan de la Maguana.

Esta represión no fue motivada por el culto en sí, más por su oposición armada a la ocupación militar. Pero el movimiento no desapareció. Con el grito de «Olivorio vive», el eje del culto se trasladó a Palma Sola, en el Municipio de Las Matas de Farfán. La creencia en la resurrección de Papá Liborio, ya convertido en figura mítica, aumentó la fortaleza del movimiento. Este asumió una organización socialista y religiosa. En 1962 el culto fue de nuevo enfrentado, esta vez por el ejército dominicano.

En 1970 tuve la oportunidad de residir tres meses en Las Matas de Farfán y palpar la cultura de ésta región, distinta a la de la región Norte del país que conocía. Durante esta estadía pude verificar la escasa integración de la población al catolicismo y sus diferencias lingüísticas y étnicas con el campesinado cibaeño. A las misas dominicales concurrían pocas personas, mientras enlas comunidades rurales, la inasistencia generalizada llevó a los  sacerdotes redentoristas a abandonar las misas y sustituirlas por
visitas domiciliarias. En cambio en las zonas rurales del Cibao, hombres, mujeres y niños llenaban las iglesias. 

(….) El plan para hacer una manifestación en Santo Domingo quedó frustrado. La manifestación tendría lugar frente a la nunciatura y requería contactar al nuncio previamente para que este abriera las puertas del patio en caso de masacre. Viajé a Santo Domingo para hablar con la monja directora del Colegio Santo Domingo con el objetivo de coordinar la cita. La directora se negó a llamarlo o hablar con monseñor O’Reilly. Hablé con otra religiosa que conocía desde 1954. Me sorprendió su pregunta: «-¿Qué tipo de sociedad sustituiría a la trujillista?» Temía al comunismo que consideraba peor que la tiranía militar. Hablé con un sacerdote dominico español que viajaba a Puerto Rico para que entregara un mensaje codificado a mi tío con el objetivo de informar al grupo en Puerto Rico los últimos acontecimientos. El sacerdote se negó. Tenía miedo de que su acto fuera conocido. Regresé a San Francisco de Macorís frustrada.

En la medida que los ataques a la iglesia por Radio Caribe se intensificaron, los padres de las alumnas internas en el Colegio Santo Domingo reaccionaron temerosamente. El 31 de mayo de 1961, día en que agentes del SIM entraron al colegio para llevarse a monseñor O’Reilly, solamente quedaban siete alumnas internas, entre ellas mi hermana Arlette y una de mis primas Yangüela. La población de internas disminuyó a un 10 por ciento de lo que fuera en 1959.


El temor nunca fue infundado. Las internas notaron la incoherencia entre el lujo del vestuario de una nueva interna y sus modales de mesa. Más tarde, un boletín del 14 de Junio incluía la foto de la nueva alumna en una sección que desenmascaraba a los «calieses».

viernes, 10 de mayo de 2013

Canción de Gesta a San Juan






Autor: Caonabo Peña
 
San Juan
Juvenilia
cosa de Jóvenes y amores
de encantadores amaneceres
milenarios de otros tiempos
 relicario de colores.
.

De tu historia hemos sabido
Muchas cosas que ennoblecen.

Sobre los pinos,
Un camino, un camino,
Sobre los atajos, un alsado
Un alsado…

Dentro de las cabernas
Grita Lemba, grita Lemba…

En el centro de la aldea
El tambor suena, el tambor suena…

¡Cuando los tambores no refieren
En las aldeas, y su eco no resuena
En los ingenios.
Que amargo será el sabor de la caña.




Son tus santos, tus altares, ritos y atabales,
Un Mesías en guerrilla,
Una estepa, una cueva
Y un arrollo divino.

La grandiosa luz bendita es tradición de siglos.

¡Oh divino San Juan
Deja llegar la mañana
A la pradera, a las estancias,
A los campos y las aldeas.

Deja que llegue mi canto
Con ternura alabanza y alegría.
Que no pare esta salbe,
Que no pare, que no pare.

Se alden los barbechos,
Quemando están los cueros
Y allí está Anacaona
Humillada y ahorcada.

Se arden los barbechos,
Quemando están los cueros
Y es Sánchez del Rosario
Sentenciado y fusilado.




Se arden los barbechos,
Quemando están los cueros
Y es Santomé que ardiendo
Están en llamas bajo el filo
de la espada del General Cabral.

En los ingenios un esclavo,
Una cadena, una carreta,
Lleva el burro, lleva el burro,
Buscando el amo.

Un sudor agridulce
En un canto de silencio
y un lamento que secuela
en el confín de las aldeas…

Corren las ruedas,
Corren las ruedas,
Suavizadas de sudor,
Y humilde llanto;
Dulce es mi canto.

Sobre el cauce de tu estuario
Hubo un grito de victoria
Esa es tu historia.
Que resuenen y repiquen
Los tambores, ¡somos libres, somos
Libres!...


LA MUERTE DE ACHECAR / Relato




Por: José Enrique Méndez


Los agentes de los Servicios de Inteligencia Militar, SIM,  serviles al dictador dominicano Rafael Leónidas  Trujillo,  decían conocer el miedo y coraje de cada uno de los jóvenes rebeldes que se hacían llamar “catorcistas”, y que con orgullo hacían oposición al régimen. Para ellos, eran muchachos buenos, que al final de cada reunión  política, celebrada en la “Sastrería de Hungría”, continuaban tomando tragos en el Tupinamba Bar para luego concluir su jornada revolucionaria en el “Cabaret  Nuevo Amanecer”, disfrutando de los placeres y  licencias sexuales que les brindaban
por interés económico o social las meretrices.

Entre todos los Catorcistas de la época le molestaba mucho Rufino Paniagua, a quien consideraban “malcriado”, un joven muy rebelde pero sobre todo incontrolable. Rufino hizo gala de temeridad.
Cuentan que esta razón llevó a los agentes a darle esa Horrible Golpiza en el cabaret “El Nuevo Amanecer”.

Para los Trujillistas había un verdadero peligro a la paz ciudadana, eran las actividades que realizaba un fino intelectual, que sabía hacer uso de la oratoria y sí que era capaz de conquistar con sus mensajes nuevos adeptos al entusiasmo por las ansias de libertad, se trataba del Dr. José Oscar Viña Bonelly, un aguerrido abogado, hijo de San Francisco de Macorís, a quien los servicios de inteligencia habían señalado como cabecilla de un grupo de conspiradores, que dirigían un programa radial del Movimiento Revolucionario Catorce de Junio, a través de la emisora de radio local “Radio San Juan”,
El Dr.. Alfredo Achecar, un ciudadano empresario Trajo su Emisora desde su natal Pimentel y Fundó Radio San Juan por 1953 estableciéndose en San Juan de la Maguana.

Cada noche a través de Radio San Juan, Oscar Viña Bonelly, llamaba a la juventud a la construcción de un nuevo ambiente moral, hablaba de las ansias de libertad y la necesidad de alcanzar una sociedad con altos valores morales y políticos.

El fenecido Ing. Sinecio Ramírez nos narra que “el programa era de Unión Cívica que todavía estaba en "buenas" con los 1J4 o sea los Catorcitas. José Oscar Viñas Bonelly era un buen orador para la radio, y era también redactor de nuestro Periódico Anti Trujillista " Tribuna Libre" que se publicó en la Imprenta ‘El Cable’ más o menos 14 meses. Entre los redactores también estaban Víctor Rodríguez Marcano, y el Dr.R. Cucurullo, Médico. Y tuvo una destacada presencia el DR. Arcadio Rodríguez Susaña Medico, presidente de Unión Cívica”.

Una de esas noches, tropas policiales apresaron en la acera frontal de la emisora, ubicada entonces en la calle Capotillo, frente al Convento de las Monjas, a Daniel Decena, Hungría Sánchez, Sinecio Ramírez y Gabriel García. Desde entonces como medida de seguridad, optaron por enviar una cinta magnetofónica con la grabación de cada programa.

Sinecio Ramírez, militante catorcista de la época nos dió su versión de los hechos:

“Los Trujillistas y sus "calieses" ( Soplones o Chivatos) hostilizaban el programa lanzando piedras al techo de Zinc y nosotros nos escondimos entre unos setos del Colegio Católico Hoy llamado "Padre Guido. El plan era sorprender a los tiradores de piedras. Como el hecho era manejado por las autoridades, probablemente las piedras las tiraban guardias o policías, así que cuando nos descubrieron ellos mismos nos arrestaron”.
Pipiro, Alemán, Rafael Labourt, Hungría Sánchez, Daniel Decena, y cientos de jóvenes sanjuaneros sumaban sus energías, realizando reuniones en la piscina del Hotel Maguana, en la Sastrería de Hungría y finalmente en el local del 1j4. en la calle 16 de agosto esquina Colón.

En San Juan, una noche, el
Lic. José Alfredo Achecar Achecar subió la mirada para verse morir.
El guardia huyó con su fusil recién descargado, convencido de que había cumplido la tarea de matar al Dr. Viña Bonelly, se dirigió hasta la Bomba de Gasolina de Hernán, y en presencia de “Temo”, encañonó a uno de los chóferes de la Línea Estrella Blanca, llamado “Chón”, obligándole a sacarlo de la ciudad.

Tratando de reconstruir los acontecimientos que hoy se pierden y que quizás otros puedan enriquecer a fin de que no se desaparezcan en la memoria histórica de nuestro pueblo recogemos el parecer de los protagonistas de la época y su juicio histórico de hoy.

El Lic. José Alfredo Achecar  "fue asesinado por error causando como reacción, mas afectos a la oposición que rechazaban estos "estertores finales de la tiranía".
Sinecio concluye diciendo “Después de treinta años de Tiranía, los más viejos y los jóvenes estábamos hastiados del régimen y perdimos el miedo a la represión (. ...)
El miedo mayor era que Ramfis y Radhames se quedaran como los Hijos de Anastasio Somosa en Nicaragua e iniciaran otra etapa de la "era de Trujillo". Había que desalentarlos, por suerte salieron más flojos que su "viejo " caudillo.
Todos estábamos acostumbrados a hablar mal del Gobierno Trujillista a pesar del riesgo a ser delatados por algún infiltrado. ¿ por qué no nos metían presos y nos fastidiaban ? porque éramos tantos en todo el país que no había cárceles suficientes ni motivos sólidos de acusación”.

Años más tarde en 1965, en Santo Domingo una patrulla militar constitucionalista, del Comando de San Juan de la Maguana, en la Revuelta Armada de Abril, apresó el la zona constitucionalista entre las calles Hernando Gorjón con Altagracia al asesino del 
Lic. José Alfredo Achecar.

Cuentan que agonizando, confesó que aun quería completar la orden trujillista de asesinar al comandante constitucionalista
Dr. José Oscar Viña Bonelly.


 Nota, Tras  la publicación de este relato se nos acercó el Dr. Rafael Achecar Chupani , médico residente en Estados Unido, quien nos ofreció una entrevista sobre la muerte de su padre .November 30 2004

miércoles, 8 de mayo de 2013

Palimpsestos (METACUENTO) José Méndez Díaz (IKE)



Cuento
José Enrique Méndez Díaz

Ahora permanece en un banco con sus piernas cruzadas, contemplando la mole de mármol. Mira al Almirante señalando sus nuevas tierras descubiertas.

 Como fantasma, ella reaparece exhibiendo sus huellas simuladas, la desnudez de sus nalgas y ubres provocantes, postizas y violadas en mi pensamiento.

De nuevo su presencia en el sueño. Debo tener razón para preocuparme cuando apenas ocurre la madrugada.
Ella, delicada y tímida, de suave tacto, con toda la ternura en su lejana mirada, provoca excitar mi interior y es como un impulso súbito de una impronta de pasión y delirio.

Las copas de más no me dejaron distinguir sus enormes hombros; su musculosa contextura de mujer huidiza. No encuentro respuesta, no he podido explicar la imagen
perversa de su caminar. Ni siquiera puedo evadir la presencia del beso que le di en la exótica esquina del bar.

Miro el paisaje a través de la ventana, la cruz del imponente Faro penetra hasta el espejo. Sus enamorados párpados negros se iluminan en mis ojos.
Ajeno a todo esto, me hundo en mí mismo escudriñando secreciones incendiadas en su cuerpo.

Después fue la noche intrépida, angosta, sepultada en el lenguaje del sexo de un largo día. Mi borrachera, su cuerpo, las sábanas manchadas de apresurado orgasmo; su gesto de disgusto; el nombre de mi esposa pegado a la frustración de mi salvaje herejía.


Perturbadoras imágenes imperativas regresan, incursionan en mi memoria. Siempre me ocurre al recordar el desplome de las hojas en otoño.

La sombra retorna a su apretado escondite. Quiero escapar del mundo y de la obsesión. Despierto confundido; asomo la cara a la marquesina y descubro que el carro está al revés, en verdad trato de no recordar lo ocurrido la noche anterior o en realidad es que no recuerdo absolutamente nada. Un extraño sentimiento de disgusto se apodera de mi.

Mi esposa me reclama control, me acusa de orinar detrás de la nevera; que las niñas lloraron
desesperadamente al verme desmayado, sucio de vómito tendido en el suelo. Ideas fijas atormentan y distraen mi atención. El médico me diagnostica enfermedad de palimpsestos. Busco desesperadamente en el diccionario y para mi sorpresa se refiere a manuscritos antiguos borrados. ¿Estaré perdiendo mi capacidad de pensar?

Sucumbo en pesadillas amorfas, largas y dolorosas en esta lúgubre y retardada noche de otoño, corroída en emociones desgranadas, contagiadas de verdades que me atormentan.

Despierto acostado en una camilla escuchando un tropel de palabras raras. La mujer vestida de blanco que me escarba las venas. Una voz masculina habla de soluciones hipertónicas, de jeringa balsámica, de disminución de azúcar en la sangre. Me sofoco escuchando los pasos de la muerte en las nieblas etílicas, en los volátiles alcaloides recorriendo, mi torrente sanguíneo, alucinando todo mi ser.

Un sentimiento profundo de terror me estremece, Inexplicable sacudida sísmica me aturde y quiero correr a través del largo pasillo, pero lo veo interminable, frío, distante y evasivo. La angustia me orienta hacia una obsesión sin fin. La mujer vestida de blanco me pasa su mano por la frente, bajo el pretexto de consolarme y sin embargo la siento como amenaza. 

Me vuelve a pasar su delicada mano sobre mi frente y esta vez me siento tranquilo. Escucho su dulce voz que al principio era inaccesible, amorfa, compleja. Ahora la siento angelical. Me dejo tocar por ella y los recuerdos recobran su normalidad en mi mente. Me remueve las gasas, las jeringas, me libera de esa enredadera.

Atravesando el espejo reaparece Ella, con sus enormes hombros, la imagen de criatura disfrazada de mujer cuya presencia de nuevo agrietaba el alivio de mi
huida.


Desorientado, con una incontrolable angustia, descubro que necesito del trago para poder sentirme bien, para aliviarme, siento OBSESION MENTAL POR INGERIRLO.


Bajo el pretexto de amistad, opto por acercarse a un grupo de poetas amigos que bajo el lema de vivir sobrio, proyectan la pasión de buscar el placer y la armonía.

En principio solo escucho rodeos de palabras, articulaciones complejas de palabras que no
modificaban la oscuridad de mi momento emocional crítico.

Contagiado del impulso de vida acepto este rincón romántico, abraso de palabras mi conciencia.

Una revelación maravillosa en el cristal, un estallido determina en mí un horizonte nuevo.

Los tonos tristes de mi alma, la espesa niebla obscura de la noche, tienen por fin su amanecer.

Asumo algo más que una promesa: el compromiso de cumplirla como enorme metáfora todos los días:

“La Pasión de vivir sobrio, proyectando la
inmortalidad en la poesía”.

Fue así como controlé por siempre los accesos de la enfermedad, mi desmoralización y sobre todo esa depresión que semanas antes me había hecho cortarme
las venas.

viernes, 3 de mayo de 2013

Alma de guerrero


Cuento
José Enrique Méndez Díaz
Primer inning
Lacerado estaba su corazón. Sangraba profusamente de los tobillos a causa del «brete». Retorcía su cuerpo hambriento tratando en vano de liberar sus pies y manos aprisionados. Cerró con fuerza los ojos y fue total la oscuridad y el silencio. Sólo así pudo recordar las frases:
Quien hace el hoyo cae en él.”
Cuerpo que quiere azote, él mismo busca el castigo.”
Eran palabras de su padre.
A punto de estallar se aferró con dificultad a la vida. Sin arrepentirse pagaba el precio de las alas del pájaro contra el viento, sintiendo la visión sumergida en un sueño enroscado al sentido mudo de la muerte. Con pasos atemorizados atravesó la memoria y en fracciones de segundo de alucinación espectral regresó a uno de los momentos más importantes de su vida.
Primero fue el espasmo de un latido. La punzada provocada al escuchar el murmullo de palabras lejanas. Luego como rito de lluvia entre silencios, como golpes de fuete en el vientre de su madre despertándolo súbitamente de sus ensueños. Con el espanto sintió sus entrañas temblorosas. Con la ruptura del cordón empezó a salir su cuerpo. La comadrona estuvo allí. ¡Es un chico!, gritó a todo pulmón.
Escuchó entonces el trepidar, el delirio de tambores y sus cantos de gesta que como brisa fresca reconfortaban su silueta: No dejes apagar la alegría que llevamos los negros por dentro”. Insistían. “No dejes apagar esta alegría”. Eran los tambores de Shangó bautizando la epopeya de haber nacido con la fuerza inevitable de un campeón.
Segundo inning
Chico solía reunirse a escondidas con sus amigos improvisando juegos con pelotas de goma y placas de carro. Se le veía intentando conectar contra cada lance con lo cual perseguía derribar la figura metálica doblada que simbolizaba el home. Con orgullo solía entonar su canción favorita que hablaba de hazañas de amor y aromas de béisbol:
a pasto fresco me huele
la alfombra verde en el home
esparcida está en el viento
la madre de la afición
la gran fiesta quisqueyana
que le regala el béisbol…”
Había organizado junto a otros muchachos un equipo de béisbol. A escondidas salía de la escuela y se dirigía al juego. Sus padres, dominados por los presentimientos, lo querían entregado al encanto del tambor con los palos catá que coreaban sus alegrías.
Tercer inning
Invocando el ruego que domina las vertientes del bien Chico recurrió al sentido oculto de la africanía atada a sus raíces. Cerró los ojos superando la visión del límite atropellado del espacio. Desde su oído profundo percibió el umbral de una nueva era, la música celestial de aquellos tambores invitándole a complotar. Al despertar sintió recibir el signo impetuoso de un proverbio, la fuerza de un “ashé” atado a su existencia. Nada podrá interrumpir tu marcha”. “Nada provocará tu caída”. De nuevo la misma voz.
Su compañera lo recibió con un abrazo. Le preparó un baño caliente con emplastos extraídos del llantén y la sábila que ayudaban a parar la hemorragia y cicatrizar heridas. La segunda etapa del milagro se lograba con hojas y tallos frescos de zarza. Una vez más se estremecía el árbol.
Cuarto inning
Fueron los dioses quienes le permitieron construir los tambores. Ahora les pedía: poder dominar los palos del monte y el talento para golpear con ellos. Se internó a lo profundo del bosque examinando uno por uno los árboles y su misterio. Con uno de ellos inició un ritual con apego a su signo: recibiendo el madero consagrado de parte de Osaín, dios de las plantas. Osaín le habló. Abrázate al romance sagrado de golpear la bola. Chico recibió el espíritu de aquella divinidad en el bosque. El muchacho creció desafiando siglos de soledades en la memoria negra de sus recuerdos. Soñaba con bases robadas y carreras remolcadas, con ser el mejor. Junto a otros negros hizo suya la pasión. Crecía y se perfeccionaba aferrado a la emoción del monstruo verde. Con alma de guerrero dominó la técnica, desarrolló la paciencia en el plato, la habilidad de hacer contacto y ser héroe remolcador. Igual hacía en la defensa, con buenas manos para manejar los tiros al fildear en el cuadro; su guante se hizo una leyenda y sus piernas rápidas y seguras demostraron día a día el coraje y el hechizo de su estirpe. Sus duendes dominaron el mundo citadino del neón.
Quinto Inning
Aquel día lograron alcanzar su primer triunfo amateur. La gente desfilaba y gritaba con frases memorables. Se sabían vencedores con su cielo plagado de estrellas, verdaderos guerreros llenos de coraje gananciosos de la clasificación. A corazón vivo brindaban por su legendario equipo. El entusiasmo era contagiante. Había bullicio en las casas, en los colmados, en las calles.
Alborotado y desafiante Chico se incorporó a la celebración. Lucía el uniforme esmeralda en su anatomía y movía con fuerza una bandera al viento; sentía con él a su negra Chica y era como cuando cruzaba sus manos sobre su nuca acercándola a su cuerpo y confundiéndose con su respiración, gritándole con orgullo su otra canción: “…soy rumba, furia africana/ desde el vientre hasta mi cuello/ desde mi sangre al sudor…” Inclinaba el cuerpo con gracia y con las palmas de las manos marcaba la cadencia; ejecutando difíciles giros, armonizando cuerpo y música a los movimientos de su hembra. Aquello era dicha para él y se enorgullecía de que los negros fueran los únicos machos que tuvieran el misterioso encanto del tumba′o.
Su espíritu descargaba adrenalina. Se llenaba de fervor, tocaba, bailaba como si un fantasma le produjera esa intensa e incontrolable pasión al bailar o jugar. Chico encendía luz, gozo, alegría, construía espacios nuevos de libertad que le extendían su fiesta hasta la madrugada.
“…¡Ay mamá!, ¡ay papá!
nama quiero ser un bate
pa tu fambeco parao
bate padar extra base
a ritmo karayanao
ololé, ololá
un bate grande palo fambeco parao
si se ha muerto tu mari′o
enterito aquí e′toi yo
con mi bate jonronero
aunque el otro lo dudó…”
El sol se había establecido. Era sábado y en las primeras horas de la mañana, quizás persiguiendo un sueño, había emprendido viaje a la ciudad. En su espalda llevaba un bulto especie de mochila con chiringas y volantines recién construidos y en el ancho bolsillo del pantalón dos bolas de béisbol. Todo para la venta en el mercado. Fue en el camino a la ciudad. –“Escucha, cocolo, por qué no te animas y vienes con nosotros”.
La banda de vagos lo había provocado a un desafío. ¿Apostaría las chiringas y las bolas? Su espíritu forjado en la competición lo hizo aceptar. Tenía que buscar de cualquier forma la plata. Debió jugar con apetito animal, con la sabiduría con que jugaba su padre en la gallera. Pero al apostar lo perdió todo. Hasta la cordura. Y emboscado por las sombras de un silencio repulsivo sintió apabullado el espíritu. Dejó de soñar y en su nuevo estado anímico se generó una imprevista apatía. Desde aquella tarde desapareció. Lo vieron subir a uno de los autobuses que viajaban a la capital acompañando a Lilí, el zapatero beodo especialista en reparar guantes.
La gente que le quería se llenó de incertidumbre. Chico era un buen prospecto y él lo sabía. La raza de los viejos tambores, de donde provenía, mantuvo sus lámparas encendidas, la verdad ceñida a sus lomos. La negra Chica pedía al padre celestial que se lo retornara. Sencillamente había desaparecido generando rumores. Afirmaron que Obatalá había descargado en él alguna sanción. Cuando todos se resignaban la población fue sorprendida por Alejandrina la etaira. Lo veía todas las noches en los cabarets capitalinos hasta entrada la madrugada. La última vez fue en el “Nuevo Amanecer” y había pasado la noche con ella; exteriorizando sus resentimientos y evidente frustración. Alejandrina lo conocía y pensó que tal vez había sido víctima de algún sortilegio.
Sexto inning
En efecto, Chico andaba constantemente embriagado, perseguido por fantasías y oscuros pensamientos. En ocasiones estaba delirante y arrastraba su magullado rostro sobre gravas, polvo y escombros. Otras veces creía escuchar disparos sobre su cabeza deslizándose, escabulléndose hasta alcanzar un lugar seguro en su antigua aldea, con sus calles de rieles y su logia de respetados odfelos. En sus desvaríos se veía integrado en los entrenamientos en el play del Ingenio donde fortalecía su ánimo ingiriendo galletas de jengibre, yaniqueque, quimbombó, domplín y elíxir de guababerry.
Un olor especial penetraba su alma alucinada. “Me huele a funyé con yambó”. Era el olor de su plato preferido mezcla extraña de molondrón con bacalao que percibía como antesala de un nuevo momento mítico. Fue cuando escuchó la clara voz de Orisha rey de los negros.
Séptimo inning
Lo había imbuido de la alegría que lleva el negro por dentro. “No dejes apagar la llama”, le dijo, ordenándole no hacer más el ridículo, abandonar aquella debilidad de otros dioses que no eran los suyos. “Estremece el árbol –le repitió–, vuelve a soñar que quien no sueña no vive”. Con la boca seca tragó una saliva desgastada, metálica como ceniza. Fue en ese instante que recordó el consejo del Rey Congo: “Aléjate de los efectos sutiles del Ingenio”.
Le ordenaron regresar a su pueblo vestido con falda de rafia. Realizar el rito del enfrentamiento invocando el espíritu de sus ancestros. Ellos le darían poder. Ser superior con el madero sagrado bendecido por Osaín. Chico asimiló la experiencia con un despertar de su impulsividad desbordada de embullo y animación. Pasó revista a sus recuerdos. “Si montas el elefante no te molestará el rocío”, le recordó una voz familiar. Era una frase africana que conocía desde niño como salida ahora del propio ingenio.
Octavo inning
Estando en el dogout se llenaba de gozo al ver cómo se estremecían los palcos y las graderías del Estadio. Recordaba con nostalgia los años en que despojaba su corazón de hule para envolverlo en hilo de nylon hasta lograr darle una redonda forma de siete centímetros. Fabricaba sus pelotas forrándolas con esparadrapo que para él eran las famosas “Spalding” o “Wilson” laminadas en cuero o piel de cabra de la liga profesional. Sumido estaba en estos pensamientos cuando oyó la voz del árbitro cantar el “strike cantado” del ponche.
Noveno inning
Pasaba a la historia del béisbol como el primer ponchado en aquel moderno estadio. Continuó parado en el home, inmóvil, como envuelto en un sopor. Vagones de caña quemada se desparramaron sobre su gozo y lo abatieron agriando los cantos de su memoria. Las voces retornaron. “Prende tu alma de guerrero al corazón”, le susurraron.
Extra inning
Asistió confiado al momento de la realización fantástica; representaba al equipo oriental y bateaba en extra-inning; el juego empatado a una. Tetelo fue golpeado con la bola y enviado a primera; entonces vino la línea contundente que rebotó en los 411 con su doblete impulsador que llevó a Tetelo al home. Y el play se vino abajo.
Aquel día fue declarado “Día verde de karakaneo y béisbol”. Los tambores retumbaron. Chico y su equipo se confundieron en un abrazo interminable. Con leños secos construyeron una antorcha que levantaron en señal de victoria y recorrieron con ella todo el campo de juego. Los espíritus maléficos y las debilidades del pasado habían desaparecido. La voluntad silenciosa de batey en tiempo muerto era cosa superada. Chico sostenía firme la tea entre sus manos. Veía consumirse el cepo, la rústica trampa para cazar animales.