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sábado, 29 de enero de 2011

Candela y merengue en las iglesias


José Enrique Méndez

En la obra “Memorias de Johnny Abbes García”, presentadas con notas y edición de Orlando Inoa, en las páginas 282 a 283, en el capítulo titulado “Candela y Merengue en las iglesias”, el temible Jefe de la seguridad militar de la dictadura de Trujillo narra su versión sobre el saqueo a la casa de Tomas F. O Reilly, la iglesia y la casa parroquial, residencia de los sacerdotes redentoristas de la diócesis de San juan de la Maguana.

Y ocurrieron los hechos de San Juan de la Maguana y de La vega. Quería demostrar a los obispos extranjeros que el pueblo no estaba con ellos., que los repudiaba que seguía a Trujillo que su fervor político no había cambiado con los dramáticos sucesos de los últimos tiempos. Y organicé la “Operación San Juan de la Maguana”.

La Famosa carta pastoral del 25 de enero de 1960, leída en todos los templos del país en la que se pedía la libertad de todos los presos políticos, había desatado la guerra, el ataque a la iglesia católica y contra los obispos y sacerdotes comprometidos.

Haciendo referencia a San Juan Abbes Gracía expresa: Días antes mis hombres habían realizado varios apresamientos de terrorista. Dos comerciantes comprometidos, Jude Michelén y Juan Lagrange, fueron liberados por orden de Trujillo; pero un joven de San Juan de la Maguana, Claudio de los Santos, fue llevado a la capital y fusilado sin juicio sumario. Se comprobó que distribuía volantes subversivos. Otros jóvenes, protegidos, o al menos eso creían por la sotana de O Reilly fabricaban y colocaban bombas. Envié a San Juan a Lamela Geler. Su misión: inflamar las muchedumbres”.

Saladino Figuereo, fotógrafo, sanjuanero excepcional testigo de hechos sociales, políticos y religiososde la época, manifiesta su desacuerdo con la idea de Abbes quien afirma que Claudio de los Santos distribuía volantes subversivos y de que fabricara y colocara bombas.

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En sus memorias Abbes afirma: Grupos de jóvenes sanjuaneros, muchos de los cuales militaron en la oposición más virulenta después del asesinato de Trujillo, recorrieron la ciudad gritando consignas violentas (…) y la avalancha era increíble. La marea subía. Ni yo mismo podía detener la acción.

Hubo candela y merengue en las iglesias.

Se afirma que “se había planificado una fuerte embestida para junio, truncada por el ajusticiamiento el 30 de mayo de 1961”.


El tirano barajó varios planes criminales para acabar con el problema:

Uno, usando como escudo a los paleros, matones armados de garrotes y chavetas de Balá, ex presidiario a su servicio, los caliés irrumpirían a la vez, como grupos recalcitrantes desprendidos de una gran manifestación de protesta contra los obispos terroristas, en el obispado de La Vega y en el Colegio Santo Domingo, y rematarían a los prelados antes de que las fuerzas del orden los rescataran. Esta fórmula era arriesgada; podía provocar la invasión. Tenía la ventaja de que la muerte de los dos obispos paralizaría al resto del clero por buen tiempo. En el otro plan, los guardias rescataban a Panal y Reilly antes de ser linchados por el populacho y el gobierno los expulsaba a España y Estados Unidos, argumentando que era la única manera de garantizar su seguridad.


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