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lunes, 10 de enero de 2011

Un sanjuanero en la Gesta Gloriosa de 1959



Por Damocles R. Méndez Rosado.

El movimiento expedicionario conocido como La Raza Inmortal, es un capitulo bañado de heroísmo sin límites en la búsqueda de la dignidad y el decoro de una generación que con la nobleza del sacrificio en sus manos y en el pensamiento, demostró que los tentáculos de la tiranía trujillista ya no podían resistir la furia de la justicia.

Este acontecimiento no sólo conmovió la conciencia nacional; inició el largo camino para la conquista de la libertad enclaustrada en la satrapía trujillista.
La inmolación de los jóvenes de Junio abonó el camino para el derrumbe de la oprobiosa garra del César del Caribe. Este hecho único en su género en el país, es un acontecimiento fulminante en el camino de la redención del pueblo dominicano en busca de su libertad y por su impacto e importancia histórica, marca una etapa crucial en la resistencia de la nacional dominicana encaminada a imponer el imperio de la justicia.

Un sanjuanero desconocido participó en esta gloriosa epopeya que se convirtió en la aurora del despertar de la conciencia cívica con clarines libertarios que tocó la puerta del sentimiento nacional para cerrar fila en la lucha contra la sanguinaria y funesta era de Trujillo que lleno de luto al país. Héctor Enrique Ramírez Castillo (Henry), fue de esa juventud que pisó suelo patrio “enamorado de un puro ideal”

En este sanjuanero ilustre había un sentimiento de humanidad ya que salvó la vida a dos soldados dominicanos, es decir compatriotas, quienes estuvieron a borde de la muerte en un enfrentamiento entre guerrilleros y miembros del ejército nacional.
Quizás este sanjuanero comprendió que estos dos soldados también eran victimas de un sistema injusto y precisamente él venía para poner fin a esta situación.

Fue hecho prisionero y luego de permanecer en la dotación militar de Mao fue llevado a San Isidro donde los sicarios del régimen terminaron con su vida.

Héctor Ramírez tenía clara conciencia y un firme propósito en sus convicciones revolucionarias, pues comprendía la justeza de la acción y su proyección al futuro cuando sentenció que su muerte no era en vano. Este concepto de la muerte y su resistencia estoica, fue una filosofía de vida presente en el pensamiento de los jóvenes que cayeron en combates y victimas de las torturas,

Refiriéndose a Héctor Enrique Ramírez Castillo (Henry), Anselmo Brache, en su libro titulado: Constanza, Maimón y Estero Hondo señala “Vino por Estero Hondo. Nativo de San Juan de la Maguana. Era locutor. Después de prisionero fue llevado a la fortaleza de Mao. Se defendía diciendo que sólo era enfermero. Un sargento y otro reconocieron que éste los salvó de una granada que les iban a tirar cubanos desde arriba de una mata de mangos. Fue llevado a San Isidro desde donde llamaron a un tío, a su pueblo, quien era oficial, para obligarlo a fusilarlo. A éste le falló tres veces el arma y temblaba de ira por tan indigno encargo, mientras que Henry, erguido, le decía:
“Tío no tiembles, y dile a mi madre que mi muerte no será en vano”.

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