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viernes, 5 de julio de 2013

El Ave Fénix de Claudio Espejo!


Poe:: AMABLE LÓPEZ MELÉNDEZ
El derecho del pueblo a la cultura y el apoyo a las creaciones de los artistas, arquitectos y urbanistas contemporáneos, siguen siendo temas “opacados” en las performáticas “agendas políticas” de las altas instancias oficiales, municipales y empresariales de nuestro país. Al parecer, desafortunadamente, estos sectores no han podido advertir la capacidad transformadora,  unificadora y revitalizadora del arte público, es decir, de los efectos de la creatividad y la imaginación en el proceso de desarrollo integral del individuo y la sociedad.
Es triste tener que admitirlo, pero es verdad: en términos amplios y rigurosos, en la República Dominicana, traspasando estos opulentos, voraces y estremecedores  umbrales del siglo XXl, no es posible registrar manifestaciones significativas de  un arte público contemporáneo de auténtico espíritu identitario. Y si no es posible en los casos de la arquitectura y el urbanismo, menos será en el caso del arte contemporáneo a escala cívica o monumental.
El asunto podría ser más serio de lo que aparenta ya que muchas de las  obras recientes de “arte público”, aunque no sean ni se asemejen a tales objetos, definitivamente, implican la inversión de “$umas” cuantiosas y millonarias. Ahí están “las 36 bolitas de shaolin”-como embelecos en 3D de fibra de vidrio con pátina de cobre chamuscado-, rompiéndonos el alma y la esperanza en el Monumento a los Héroes de la Restauración-paradigma urbanístico de Santiago-; la nueva estatuaria seudopatriótica-corrompiendo hasta los tuétanos los conceptos  de forma-proporciones- y  nobleza del material, desfigurados ya completamente los símbolos, perfiles e idearios vitales de la patria; la demasiado tiesa y sombría estatua de Casandra en la Churchill; el Caamaño “liposuccionado” en fibra de vidrio con su “fusilito” a cuestas en los límites de El Conde y frente al mismísimo Altar de la Patria o la extravagante “Cabeza Dorada” de Don Juan Bosch-dizque saliendo de uno de sus libros- en una especie de “plaza del infortunio” que proclama esta vez el desconcierto a la entrada de la pujante ciudad sureña de San Juan de la Maguana.
En reciente y rápida visita a esta ciudad, aunque por distintas razones, llamaron mi atención especialmente los “nuevos monumentos” oficiales en el espacio público, el impactante mural en cerámica titulado “Como Ave Fénix – Historia de un Pueblo”, del reconocido artista dominicano Claudio Espejo, en la fachada del edificio del Auditorio de la nueva “Ciudad Universitaria”, así como la remodelación -en proceso- de la escuela de Bellas Artes, estas últimas a cargo de la Oficina Supervisora y Fiscalizadora de Obras del Estado.
Sobre los anacrónicos y fantasmagóricos “monumentos” de ese gusto por la acción autoritaria y la “violencia estética” que parece caracterizar  a los “diseñadores” de la “nueva imagen” visual, arquitectónica y urbanística, no solo de San Juan de la Maguana, sino de las principales ciudades del país, se torna pendiente y necesaria la reflexión crítica responsable. Pero, en el Caso específico de San Juan de la Maguana, también se impone reconocer la calidad ejemplar de la entrega a la misión educativa y a la actividad creadora que sostienen instancias culturales, personalidades y artistas sanjuaneros destacados como la educadora y escritora Salvinia Caminero, Mariano Sánchez, Claudio Espejo, Aleinys Encarnación y Angelo Valenzuela, actual  director de la Escuela de Bellas Artes de la provincia.
Mientras tanto, “Como Ave Fénix-Historia de un Pueblo”, fabuloso e impactante mural cerámico de Claudio Espejo, resiste esplendoroso en un ámbito abusado “espinosamente” por más de 20 “murales” de imágenes y facturas cuestionables, dignificando ostensiblemente, no sólo todo el complejo arquitectónico del Centro Universitario Regional del Oeste (CURO-UASD-San Juan de la Maguana), sino también la misma factibilidad de un arte público contemporáneo de espíritu vanguardista, digno y significativo en Santo Domingo.
Mediante una rigurosidad formal que nos remite al pleno dominio de los fundamentos del hecho plástico, así como una sorprendente diversidad de materiales: cerámica, metales, fibras y pinturas que nos permiten reconocer a un creador que ha sabido asimilar saludablemente los aportes de las viejas vanguardias europeas, Claudio Espejo ha concebido su “Ave Fénix” como un conjunto integrador de los elementos arquitectónicos con que ha trabajado y el paisaje abierto del entorno. De esta manera, la obra de arte se torna parte integrante de la arquitectura y la representación dinámica, flotante y expansiva de la gran figura alada opera reactivando el espacio público desde las mismas profundidades de la tierra de Anacaona y el remoto pasado espiritual de Maguana.
La riqueza plástica que aporta la diversidad de elementos y símbolos visuales, resalta las referencias identitarias de la naturaleza, la interracialidad y el signo ancestral. Otros motivos aluden a las crónicas del encuentro entre culturas, a la memoria histórica e itinerarios de los héroes anónimos y reconocidos de la patria.

 Un fabuloso, transparente y vital Angel estalla en su ardiente policromía, desplegándose como efecto de la imaginación, la pasión y la esperanza de un artista que de manera magistral expresa en esta obra la Utopía redentora de “un pueblo que siempre ha encontrado y encontrará la fuerza y motivación necesarias para alzarse Como Ave Fénix, impulsado en vuelo seguro y confiado en busca de la luz, el conocimiento y la felicidad…Otro elemento nos recuerda momentos difíciles vividos que han sembrado el caos y la incertidumbre, producto de situaciones sociales o catástrofes naturales. Estos momentos están en la base de todas las acciones solidarias y heroicas de nuestro pueblo”.
Entonces, sobre las claves del potencial simbólico y trascendente de esta renovadora expresión del arte público dominicano contemporáneo de signo identitario es mejor seguir atendiendo a la claridad de convicción del propio Claudio Espejo: “Para esta obra he seleccionado el mito del Ave Fénix, única capaz de renacer de sus propias cenizas. Es una alegoría aplicable al pueblo dominicano y  al pueblo de San Juan de la Maguana en los actuales momentos. Desde tiempos inmemoriales los hombres que han poblado nuestra isla han aportado la esencia de su existencia al desarrollo y el bienestar del colectivo, así, grandes héroes y heroínas, conocidos y anónimos, han abonado y abonan cada día con sus aportes solidarios al vuelo del ave fénix…Esta obra vehicula un mensaje de optimismo, de amor, de fe y esperanza en el presente y porvenir de nuestro colectivo y de cada individuo en particular”...
En síntesis
Claudio Espejo
Nació en San Juan de la Maguana (1958). Pintor, dibujante, instalador, fotógrafo y gestor cultural. Egresado del Instituto Estatal de Bellas Artes V.I. Surikov de Moscú, este artista se distingue, en primera instancia, por su personalidad discreta y reflexiva, así como por una amplia formación estética y humanística, producto de sus intensas investigaciones en importantes museos e instituciones culturales de Rusia, Italia, Suecia y Francia, países en los que ha vivido y trabajado durante largos períodos. La obra de Espejo ha sido exhibida en prestigiosos espacios de resonancia para el arte contemporáneo internacional, tales como el Salón de otoño y el Salón  Grandes Artistas Franceses, ambos en París. Su obra forma parte de la Colección del Museum of Latinamerican Art-MoLAA-, Long Beach, California, EE.UU.

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