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domingo, 16 de enero de 2011

“EN LA RUTA DE MI VIDA”


Víctor Garrido

Prisión del General Carmito Ramírez


LA INTERVENCION MILITAR 1916-1924

Ensayo



Los americanos con autoridad en San Juan no arrastraron a nadie a la cola de un caballo como en Hato Mayor ni aplicaron hierro candente al cuerpo de ningún hombre como hicieron en Salcedo a Cayo Báez. Tampoco engañaron a nadie nombrándole Gobernador para después de recibir garantías asesinarle como a Vicente Evangelista en San Pedro de Macorís; pero los vi poner hombres apreciados por sus bellas cualidades y posición social, como José Alfonso Lagranje y Abigail Díaz a barrer las calles y a cargar latas de agua en la cabeza desde el río para uso de sus tropas, por el simple hecho de tener una escopeta en su casa o por una denuncia no comprobada de retener armas cuya entrega había sido ordenada.

Las denun¬cias malignas no investigadas ocasionaron en Azua el asesinato del General Carlos Cubilete quien se curaba en su finca de las Yayitas de una enfermedad de las piernas; el suicidio en Bánica del joven General Juan Bautista Ramírez, quien prefirió la muerte por el veneno a verse humillado por los americanos y en Azua el ultraje al Dr. Armando Aybar poniéndole a llevar de un sitio a otro sacos de cien libras con una bayoneta en la espalda como estimulo a su resistencia vacilante para cargar cosas pesadas.

El blanco en San Juan de las intrigas malévolas de sus adversarios políticos y de la desconfianza de los ocupantes era el General Carmito Ramírez. El General Carmito, con su inmenso prestigio en la región era sin duda el amo del Sur. Era un intelectual y un profesional. Un hombre de principios democráticos y amante de su patria, capaz de combatir al Invasor intruso con las armas en la mano si hubiese habido consenso general para ello; pero que estaba dedicado a su trabajo en acatamiento de la consigna de cordura proclamada como fór¬mula de conveniencia nacional por los mismos políticos que con sus desaciertos y pasiones partidarias habían hundido la República en la noche de la Ocupación Militar. Sin embargo. los agentes de la autoridad militar americana, impresionados por los informes adversos de indignos dominicanos que llegaron a pintarle al General Carmito como un bandido que mantenía la amenaza olivorista en la zona rural de la común de San Juan, un día le echaron mano y lo recluyeron durante nueve meses como prisionero peligroso en la cárcel de la Fortaleza Ozama.

Qué pretexto hallaron para encarcelarlo?.

En los días de su aprisionamiento se comentó que él recibía armas de procedencia alemana para un alzamiento en combinación con elementos del Cibao y a la vez otra versión decía que el General Carmito había dirigido una circular a sus amigos a principios de la invasión y que habiéndole robado una noche en su oficina una copia de esa circular, le fue cambiada la fecha por otra reciente, y enviada al Gobierno por tres vías distintas para impresionarle desfavorablemente contra el General Carmito.

Lo cierto era que el tiempo transcurría y que el General Carmito permanecía en la cárcel. Su padre, el General Wenceslao Ramírez, decidió verse con el Gobernador Militar Snowden para averiguar la causa de la prisión de su hijo y con esa finalidad se trasladó a la capital en donde logró entrevistarse con el Gobernador. Fue una entrevista dramática entre un hombre que demandaba justicia y otro hombre que representaba el tremendo poder de la nación sojuzgadora de nuestra soberanía. El General Wenceslao dijo al Almirante:

“Soy antiamericano; pero he cooperado con Uds. creyendo que venían a enseñarnos a vivir de manera distinta a como hemos vivido. Deseo saber por qué está preso mi hijo."
"De qué se asombra?", respondió el Almirante. "Hemos hecho con su hijo lo que ustedes acostumbran hacer"; a lo que el General Wenceslao contestó reprimiendo su desagrado: "Yo creí que ustedes habían venido a enseñarnos a vivir de otro modo; pero si es para hacer lo mismo que nosotros hacemos y peor que nosotros, no tenían a qué venir." Esta expresiva respuesta Impresionó al Almirante y a los funcionarios militares que le acom¬pañaban y el Almirante invitó al General Wenceslao para una nueva entrevista en la mañana del día siguiente.
El General se presentó a la hora indicada y el Almirante lo recibió con estas palabras: "He pensado acerca de lo que Ud. me dijo ayer; usted tiene razón. He ordenado que le entreguen a su hijo. Le agradezco la cooperación que nos está prestando en el Sur con su influencia".
El General Carmito, gracias a la intervención de su Pa¬dre, salió de la cárcel después de nueve meses en los cuales padeció hambre y otras penurias. Había perdido 30 libras de peso. Después de su salida de la cárcel, fue a ejercer su profesión al Cibao para evitarse nuevas complicaciones con las autoridades americanas.

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