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lunes, 5 de enero de 2009

Las creencias mágico religiosas en la cultura taína







Por: JOSE ENRIQUE MENDEZ DIAZ /

Sentada orgullosa la piedra

viva fálica de las veinte mil vírgenes

en el corazón de vidrio imperial
Carlos Doorly, Lamento del Behique



Para los sanjuaneros, estudiar las figuras espirituales más importantes del universo taíno; la manera en que los aborígenes de la isla asumieron a sus dioses, es un dictamen de reconocimiento del proceso de ritualización en función de defender las identidades

individuales y colectivas, como también el erigir diferentes y variados símbolos alrededor de los cuales esos ritos constituyen verdaderos sellos culturales de la comunidad, que se expresan como procesos de etnicidad.



Ritualizando la palabra desde el pensamiento, haciendo referencias a las creencias comunitarias que se van transmitiendo de generación en generación, afirmamos hoy que el "espíritu del ser sanjuanero", posee rasgos fundamentales que, como barrera invisible, encuentra su origen en el bautizo de un falo pulimentado, encerrado en redondel de piedras sueltas en el Municipio de "Juan de Herrera", centro del poder de Caonabo y Anacaona, corral ceremonial de la vida, círculo de devoción taína convertido en signo cargado de significación, desde donde se empezaron a escuchar, en areitos, los latidos de la vida del pueblo del Maguana.



Adoptada como punto principal de participación social, la plaza distingue como punto central de un poblado el ámbito cultural tribal en las antillas. Aunque se suponga que la plaza está ligada principalmente al juego de la pelota o batey-cuya ritualidad es indiscutible-, lo cierto es que arqueológicamente la plaza indígena corresponde a una estructuración que tiene como fundamental objetivo la integración de grupos de diversas zonas, y la consolidación al través de actividades culturales y cotidianas como juego, danzas, y simulacros, la identidad de los pueblos tribales. (1)



Al estudiar la historia del yucayeque (pueblo) Niti, sitio que formaba parte del Cacicazgo de Maguana, descubrimos su batey, con calzada cercada con lajas de piedra, llamada hoy Centro Ceremonial aborigen, o Corral de los Indios de San Juan, comprendemos que es en realidad un complemento de esas formas espaciales que hoy llamamos plazas y que tenían sentido ritual, por ser punto primordial de reunión y decisión de la sociedad precolombina.





Sir Schomburgh cree que el círculo en su forma original fuera una calzada. Otros sugieren la posibilidad de que representara un santuario. Pero la tradición más aceptada supone que la plaza era usada por los indios para celebrar festividades y juegos y que el cuadrado saliente a que hacemos referencia más arriba, él lugar donde la Reina Anacaona y su corte presidían las ceremonias (2).



Para poder reconocer las prácticas de las creencias mágicas religiosas en la cultura taína, debemos hablar del mito, del ritual, de las imágenes que como signo están presentes en toda sociedad.



El mito, tiene un carácter arqueológico que nos remite a la más remota antigüedad. Los mitos son creados por los pueblos primitivos como explicaciones mágicas acerca de los hechos fundamentales de la vida humana. El origen de la vida, el origen de la materia, la realidad de

la luz, la existencia de los mundos, son los hechos sobre los cuales se edifica el mito. Las civilizaciones nuevas, filiales de otras más antiguas, no crean estos mitos básicos sino que viven y trabajan sobre los viejos mitos ya existentes. (3)



La cultura taína, ese producto acabado de la acción material y espiritual de las sociedades aborígenes que habitaron parte de la isla de Santo Domingo, así como Cuba y Puerto Rico, pudo unificar un arte, una visión mágico religiosa homogénea, con relativo grado de desarrollo.



El arte de los taínos, conceptual y a la vez, utilitario, refleja antes de nada, su visión mágico-religiosa del mundo. Sus obras de arte están representadas por una vasta gama de objetos de uso personal y doméstico, y, en particular, por un rico repertorio ceremonial. La variedad y cantidad de estos objetos, trabajosamente elaborados (recordemos que no disponían de instrumentos metálicos) en los más diversos materiales obtenibles en su ambiente o derivados de su comercio, constituyen la muestra más fehaciente de su innata inclinación artística (…) dentro de los objetos más destacados del arte taíno están los destinados al culto de los cemíes, como los ídolos tallados en piedra y madera, los artefactos rituales de la cohoba, junto a ciertos instrumentos musicales como las maracas monóxilas (de una sola pieza de madera). (4)



Los llamados "taínos" se caracterizaron por un gran sentido de la cultura material y su alto ceremonialismo. (…) Esta organización estaba dada dentro de una concepción religiosa de tipo animista que los historiadores y etnólogos han denominado como "cultos a los cemís", puesto que los cemís o cemíes eran representaciones materiales de dioses y a veces estos eran de uso personal. Posiblemente cada grupo tribal tenía sus propios cemís.



El ritual primordial del Sacerdote Aborigen se efectúa por medio de la Cohoba, La inhalación de polvos alucinógenos hechos con semillas de la planta conocida científicamente como Anadanthera peregrina o Piptadenia peregrina.



Los símbolos usados en los Ritos que pueden ser objetos, ensimismo, pueden estar asociados a acciones… Y como tales, objetos y acciones cobran significados en el interior de rituales, en el contexto de sistemas rituales. (5)



Objetos asociados a acciones rituales son Los vasos efigies hechos en cerámica y madera, representaciones animistas o cemies. Sus diversas formas y expresiones sugieren siempre la representación de dioses oseres. (7)



Acción ritual, es el del Rito de la Cohoba cuya representación es: una salida violenta, ritual mágico-religioso en el cual se consultaba a un cemí o a Yocajú (Yocajú bagua maracoté) dios principal. El ídolo o cemí de la cohoba, tiene una representación de Yocajú como dios del fuego sobre el que se ponían polvos de cohoba que era un potente alucinógeno, mezclado con tabaco, cal o puro para ser inhalado con un Bohique, inhalador. (8)



Por lo tanto en la herencia aborigen, el ritual de la cohoba, es un rito que para muchos representa o significa la manera de meditación y el contacto permanente con el mundo sutil, espiritual y mental superior. Rito considerado como una práctica religiosa, que hace referencia a seres místicos o a lo sagrado.



Marcio Veloz Maggiolo, en su obra "La isla de Santo Domingo antes de Colón", dice La crónica explica que para escoger el árbol con el cual habría de fabricarse un cemí, había que practicarle el ritual de la cohoba, interrogarlo hasta que dicho árbol dijera que sí, que estaba dispuesto a ser convertido en cemí (9)



Todo ritual, la fiesta misma, por tanto, supone símbolos, es decir objetos, actos, relaciones o formaciones lingüísticas que poseen una gran ambigüedad y multiplicidad de significados y evocan emociones e incitan a hombres y mujeres a la acción. (10)



La sociedad Taína hizo de sus fiestas una parte de su cultura, Los Areitos, fueron las danzas ceremoniales de los indios taínos, fiesta colectiva con profundas connotaciones rituales, que podían durar toda la noche.



La fiesta como ritual, no contraria a la espontaneidad, a la recreación y ruptura de las formas convencionales de la vida social. La fiesta supone esencialmente eclosión del vitalismo, de la ambigüedad y la pluralidad de formas y contenidos. (11)



Además de generar fenómenos y procesos que estimulan deseos y emociones las danzas ceremoniales aborígenes originan la unidad, el sentido de región o grupo étnico reforzando el sentimiento de comunidad, un sentimiento solidario que aflora y se expresa súbita o periódicamente, a través del ritual o la simbología ceremonial.



Los areytos representaban una celebración ancestral donde se perpetuaban los mitos y la historia de las tribus Tainas. Las mujeres participaban en los cánticos y bailes. Utilizaban las maracas, fotutos, flautas y tambores posiblemente confeccionado por mujeres. En los areytos ambos sexos participaban juntos o separados al igual que en los juegos de pelota que se llevaban a cabo en el batey. (12)



En las prácticas rituales Taínas, los taínos consideraban la muerte como un paso hacia otras formas espirituales. De ahí que sus enterramientos se realizasen principalmente en cementerios o lugares escogidos para esta actividad. No fue esta la única y sola forma de enterramiento, ya que, al parecer, al común enterramiento en forma acuclillada, precedieron diversas tendencias. El enterramiento en cuclillas o en posición fetal era el más común entre los grupos taínos. El hombre era enterrado con parte de sus pertenencias. Los niños generalmente, llevaban una mayor cantidad de ofrendas.(…) Los caciques eran generalmente enterrados con una o varias esposas. (13)



Mediante el poder, los colonizadores europeos concurrieron a aplastar a los súbditos, modificaron su universo religioso aborigen, legitimaron los nuevos símbolos. Se apropiaron de sus dioses: El dios principal era Yocajú Bagua Maorocotí (tambien conocido como Yuquiyú, Dios del Bien), quien fue hijo de la diosa Atabey quien también tenía otros nombres como: Yermao Guacar, Apito y Zuimaco. Anteriormente se creía que Juracán era el dios malo, puesto que el panteón fue interpretado según la creencia dual del catolicismo. En realidad, había varios dioses que, cuando se unían, causaban destrucción al pueblo taíno. Juracán era el nombre que le daban los taínos a todos los fenómenos destructivos. El monte más importante en la cultura taína era la montaña El Yunque donde hacían las ceremonias principales para su dios (nombre derivado del dios principal Yuquiyú).



El mundo taíno estaba dividido en cuatro partes y un centro, que gobernaban respectivamente el sol y su gemelo Guatauba, ambos hijos del dios Yocahú, creador de las montañas y del fuego. Coastrique, gemelo nocturno de la muerte, gobernaba las trombas de agua, apareciendo el mito del diluvio que apunta a la influencia continental. El señor del mundo de los muertos, o del paraíso taíno llamado Coaibai, era Maquetaurie Guayaba, y la Luna era Taicaraya. (14)



Es evidente que las plazas o bateyes para el juego de la pelota, fueron a su vez el núcleo ritual que permitió encuentro o reunión en los cuales se tomaban decisiones, se usaban los recursos de la memoria para perpetuar historias y conocimientos tribales.



La Plaza Ceremonial aborigen de San Juan de la Maguana, merece ser estudiada de manera pormenorizada como ha sucedido con los sitios de Caguanas, en el centro de la isla de Puerto Rico y el lugar llamado el Atajadizo en la provincia de La Altagracia, estudiado en la República Dominicana. De igual manera deben ser estudiadas nuestras cuevas ya que los aborígenes del periodo llamado "taíno, utilizaron las cavernas y abrigos rocosos como centro ceremoniales de importancia.



El misticismo taíno, lo mágico religioso, pesa sobre los símbolos mentales de San Juan. Conocer y estudiar la tradición, la leyenda y el mito delineando en cada caso las diferencias entre ellos, es una tarea comprometida con la definición de las raíces identataria de nuestro

pueblo.



Muchas Gracias.



(Conferencia Sobre La Cultura Aborigen

San Juan de la Maguana, martes 5 junio 2007).



1. Marcio Veloz Mggiolo, La isla de Santo Domingo antes de Colón Pág. 150

2. E. O. Garrido Puello, Espejo del Pasado El Corral de los Indios, Pág. 109

3. Federico Henríquez Gratereaux, Mito, Tradición y Leyenda, La Feria de las Ideas, Pág. 236

4. José E. Marcano M., La Cultura Taína. jmarcano

5. Marcio Veloz Maggiolo, La isla de Santo Domingo Antes de Colón, Pág. 102, 103

6. Ibidem, Pág. 104

7. Ibidem, Pág. 108

8. Ponce.inter.edu/tibes/cohoba.html

9. Marcio Veloz Mggiolo, La isla de Santo Domingo antes de Colón, Pag. 104

10. Alberto Galván Tudela Las fiestas populares canarias, Alberto Galván Tudela Pág. 25

11. Eric Schwimmer (1982: 73-5

12. Natalia Prats, La mujer Taina, Cultura puertorriqueña

13. Marcio Veloz Maggiolo, La isla de Santo Domingo, Antes de Colón, Pág.111

14. Wikipedia

15. Marcio Veloz Maggiolo, La isla de Santo Domingo, Antes de Colón, Pág. 150

16. Ibidem, Pág. 111