miércoles 1 de junio de 2011

La revolución de 1912



Hasta el 1912, San Juan fue un lugar relativamente tranquilo, en comparación con las tierras vecinas y el resto del país. La muerte del presidente Ramón Cáceres, acaecida en el mes de noviembre de 1911, fue un acontecimiento que repercutió en la provincia e involucró a los sanjuaneros en la revolución que estalló en 1912. Esta (que en el resto de la nación se conoce bajo el nombre de “Los Quiquises”), fue levantada contra de los afanes continuistas de Eladio Victoria, quien sucedió en la presidencia a Cáceres. Victoria era presidente provisional y se hizo elegir como presidente constitucional en elecciones nacionales celebradas el 4 de febrero de 1912, en las que salió triunfante, pero en cambio, casi en todos los rincones de la República la población se levantó en armas, sin deponerlas hasta la caída de Victoria, el 1 de diciembre de 1912.

Víctor Garrido Puello dice que la revolución se fraguó en San Juan, surgiendo del entendido entre los generales Carmito Ramírez, Luis Felipe Vidal y el doctor Armando Aviar. Estalló en el mes de marzo cuando en la provincia se levantaron en armas las figuras más emblemáticas de la región, como el General Wenceslao Ramírez y sus hijos los generales José del Carmen (Carmito) y Juan de Dios (Juanito), a quienes se le unió una figura que ya por entonces contaba con numerosos seguidores, llamado Olivorio Mateo, quien, como la mayoría de los sanjuaneros, tenía fuerte vínculos con la familia Ramírez.

El gobierno no tardó en enviar sus tropas a reprimirla. Los desafectos llevaron la guerra a toda la región del valle de San Juan y sus lomas circundantes. Entrado el verano de 1912, las tropas revolucionarias, que eran dirigidas por Luis Felipe Vidal, habían reducido el poder del gobierno de Victoria en la región Sur.

La Revolución de 1912, que constituyó el surgimiento de San Juan con un liderazgo político nuevo en el país, concluyó mediante negociaciones que fueron impuestas por los Estados Unidos, quienes se involucraron en la lucha hacia el mes de octubre. El final se selló con la renuncia de Victoria y el advenimiento al poder del arzobispo Alejandro Nouel.

La revolución dio paso a la formación de uno de los más importantes caudillos de la región, el general Luis Felipe Vidal, quien había sido el segundo hombre en importancia en la muerte del presidente Ramón Cáceres, motivo por el cual se refugió en Haití, donde dio inicio a la revuelta. Vidal era azuano, y en ese tiempo la provincia Azua explayaba sus confines hasta la frontera haitiana, en dirección al valle de San Juan.


Líderes de la Revolución de 1912:


Luis Felipe Vidal

Juan del Carmen (Carmito) Ramírez

Juan de Dios (Juanico) Ramírez

Wenceslao Ramírez.


Fuente: Fasciculo Fragmento de Patria San Juan

Una anécdota de Lilís



Al general Lilís se le atribuye un repertorio de interesantes anécdotas, algunas de las cuales quizás sean falsificadas. La que voy a contar es del número de las auténticas.

Durante las campañas que hizo Lilís por el Sur conoció y estrechó relaciones con los generales Audón de Nova y Victoriano Alcántara (Ampallé). Llegado a la cima del poder, buscó sus viejos amigos y los situó en los lugares que juzgó conveniente para sus intereses políticos: el Gral. de Nova en la Jefatura Comunal de Las Matas de Farfán; Ampallé en la Jefatura de Fronteras con asiento en Bánica. Entre ambos generales surgieron de inmediato discrepancias y rivalidades cuyo final se sabía: la eliminación de uno de los dos.

Lilís tenía mayor aprecio por el Gral. de Nova, cuya seriedad y hombría conocía y deseando conservarlo lo llamó a la Capital para decirle:

—General Audón, me he enterado de que hay tramas contra su vida. No se deje matar.

El consejo tenía un propósito, pero el Gral. de Nova era demasiado noble y valiente para ser criminal. Sonrió a las palabras de Lilís, pero le hizo oído sordo a la amistosa advertencia.

Audón regresó a sus lares. Incapaz de un pensamiento pecaminoso no tomó precauciones para defender su vida ni para poner en práctica el consejo de Lilís. Unos cuantos meses después caía abatido en una alevosa emboscada.

Al tener Lilís conocimiento de lo ocurrido, dijo socarronamente:

—Se perdió un amigo; hay que conservar el otro.

El general Ampallé


E. O. GARRIDO PUELLO | NARRACIONES Y TRADICIONES

A dos kilómetros de la población de San Juan de la Maguana tuvo su hogar un conocido personaje de nuestras contiendas civiles. Se llamaba Victoriano Alcántara; pero más bien se le conocía por el apodo de Ampallé

De origen esclavo, tenía una posición independiente creada con su trabajo y ayudada eficazmente por los cargos políticos que había desempeñado en distintos gobiernos. Fue hombre de confianza de Lilís. Siendo jefe de Fronteras protagonizó varios curiosos episodios. Los jefes de Fronteras de esos tiempos eran señores de horca y cuchillo, que hacían y disponían como mejor les viniera en gana en su jurisdicción, amparado por la distancia, las dificultades de comunicación y la resignada conformidad de los pobladores.

Los gobiernos tácitamente aprobaban todos los desafueros que cometían sus autoridades y amigos, en la creencia de que se obraba según convenía a la política del momento. Esa ligereza en la manera de obrar y pensar de los dirigentes fue la causa primordial del vía-crucis que atravesó el país durante varios decenios de su vida independiente.

La jefatura de Fronteras tenía como asiento el antiguo y desafortunado poblado de Bánica.

Un día se presentó ante el General Ampallé el Pedáneo de Guayabal con un haitiano amarrado, acusado del robo de cerdos. El General ordenó el fusilamiento. Dos días después volvió nuevamente el mismo Pedáneo con otro haitiano amarrado y rectificando su información anterior: el verdadero ladrón de los cerdos era el prisionero presente.

El General Ampallé oyó sin inmutarse la nueva in formación y ordenó el fusilamiento del prisionero. Su comentario sobre el particular fue:

—Caney, (expresión muy usual del General) el otro alguna debía.

Un secretario del general me contó muchas veces esta otra anécdota. Regresado de sus posesiones de Joca puso en manos de dicho Secretario varias notas contentivas de la cantidad de cerdos de su pertenencia para ser sumadas. El Secretario ordenó las notas y comenzó la suma. Ocho y siete quince y me llevo uno. Nueve y ocho, diecisiete, más cinco, veintidós y me llevo dos. Cuando el General consideró que el Secretario se había llevado bastantes cerdos, le dijo humorísticamente:

—Mariano, caney, suspende la cuentecita, pues te estás quedando con todos mis cerdos.

Aludía en son de crítica a la forma de sumar de su secretario.

Ampallé, Jefe de Fronteras, se había apropiado del predio de Joca, de la común de Bánica, por compra de una parte que hiciera a la Iglesia. Este predio está ubicado entre montañas, al norte del poblado y lo riegan los ríos del mismo nombre y Artibonito. Con la apropiación llegaron las prohibiciones: montear, sabanear y pescar. Un repentista, haciendo burla de las prohibiciones, escribió unas humorísticas décimas cuyo pie, con la estampa de Ampallé, se hicieron muy populares, aunque le costaron el abandono del lugar. Las partes que de ellas se conservan dicen así:

El lunes por la mañana mandaron de Mirabalé del río Artibonito un Morón con una A y una V.

Dizque va a hacer un corral en medio del Artibonito para estampar el pejecito que le queda sin herrar.

Hasta a los pejes del mar les pegará una barreta sólo falta una liceta que se salió del chinchorro.

¿Dónde está la plata y oro de la Santa Madre Iglesia?

A un triste alumbrador porque pescó un camarón lo metió en la prisión y lo hizo fusilar, y con Bánica quiere acabar Misericordia Señor.

Los hijos de siña Andrea fueron una noche a alumbrar y mataron una guabina con una V y una A.

LA NOCHE DEL SINIESTRO

Cuento/Caonabo Peña

Era la media noche cuando el músico llego al laboratorio de ensayo, abrió el gigantesco estuche de su contrabajo, y de inmediato inicio sus acostumbrados ensayos.

Los demás instrumentos, permanecieron inmóviles dentro de sus forros y estuches, a la espera de los once compañeros que formaban el conjunto musical.

Mauricio Fontanarrosa, aquella noche, describió como nunca jamás las notas del pentagrama Musical.

Era las doce de la noche, cuando todos los instrumentos salieron de su envoltura y hacían eco de una melodía sonora y extraña.

El ambiente se recrudeció y la noche se torno gris opalescente, en medio de una música sacra.

Apenas habían trascurrido tres meses del accidente y esta era la primera vez que Mauricio visitaba el laboratorio de grabaciones.

Fontanarrosa tenía la vista fija en un retrato que colgaba de la pared, sobre una alcayata, con un candelabro encendido, en reverencia de un recordatorio.

En cambio de su gran alegría, en el laboratorio de ensayó, se advertía una lúgubre señal de un triste siniestro que se avecinaba en las horas mas nocturnas.

Sus compañeros estaban programados llegar al laboratorio de grabaciones a las cuatro de la madrugada justamente.

Era justamente las tres y cuarenta y cinco minutos, hora de la madrugada, cuando el más excelente y experimentado músico del contrabajo, de todos los tiempos, de aquella comarca de villa Ercilia, comenzó a desprenderse los miembros de su cuerpo, uno por uno.

Ya la noche había cobrado su entera definición, cuando quedó impreso dentro del Armazón de su instrumento.

La madrugada, ahora adquirió un acento sepulcral, con olores extraños a incienso, mirra y aflicción.

Una brisa espasmódica, acompañada de una negritud, mas allá de los limites de la oscuridad mas fúnebre, envolvió el laboratorio.

Fue entonces que, a la llegada de sus once compañeros al centro de grabaciones, al ver en pedazos los miembros del extinto quedaron sin vida, al lado de sus respectivos instrumentos.

CUENTO

AMANDO .... UN POEMA

Nicolás Michelén



Dramaturgo, Actor, Titiritero, cuentista y poeta sanjuanero



AMANDO…

Amarte
Apresuradamente en autobús
frente a Mar Muerto
Amarte
Desbordantemente, condensadamente
Sobrio
Cálido
Casi difunto sin poder hacer otra cosa
Amarte
Amarte
En carrusel antiguo
En capuchino de hoja con tarea
En brazos de otra mujer
En risa de payaso
En plena luz y en plena muerte
Amarte en zapato descosido
En árbol calado
Amarte en infierno apagado
Y en encendido paraíso
Amarte en el polo, en el trópico
En templanza zona de Europa
Amarte con hijos y sin hijos
Con celo y sin celo
Con frió, con miedo
Amarte eternamente

(sin ningún argumento
que lo explique) (*)


(*) El último verso no aparece en el original del poeta sanjuanero Nicolas Michelén, tomado de su “Poemario: Flores y Amores”

BURBUJAS



Salvina Caminero


El agua hizo burbuja en su faz
Hizo burbuja en mi piel
Burbujas que Por su frágil liviandad y aún en agonía
El viento arrebata
Y vuelan en alas angelicales.

Rompiendo el éxtasis de la aurora.
Turbando el canto de la lluvia,
El canto de la madre tierra,
La infinidad del tiempo.

Mirando hacia arriba y mirando hacia abajo,
Entre un Lóbrego anochecer y un amanecer lejano y limpio.
Con su brillo burlesco, como la paz buscando la guerra
Desde aquí, desde allá, hasta mí,
Sonríen y sonríen a mi destino,
Apasionado y triste.
Solo entre burbujas creadas,
Y deshechas,
Por el mismo viento, el sol y la templanza perversa, de un mundo sin escrúpulos, henchido de maleficios,
Y escombros mal olientes,

Queda mi destino entre burbujas.
Mirando hacia el futuro, sonriéndole a la vida,
Y vivir allí dentro del acrisolado cristal de ellas.
Donde no existe el odio,
La envidia, los celos, la inquina,
Ni el dolor de la traición.

Deshechas en el agua,
Que no existen y no existen,
Que no pueden ver, recordar, ni odiar.
Solo querer y amar entre burbujas.