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domingo, 16 de marzo de 2014

Palabras del Doctor Sobiesky de León Lázala en el acto de puesta en Circulación de la Obra Bosch y Los Militares de Rafael Calderón Efres


¨Un trozo de azul
tiene más intensidad que todo el cielo…¨


Alonso Cortes
Poeta nicaragüense




Bienaventurados los sencillos, porque de ellos será el reino de los cielos. Estas palabras anclaron alguna vez en nuestra niñez catequizada…Martí, el apóstol de Cuba y de América prestigio siempre la sencillez en sus ¨Versos Sencillos¨. Sencillo fue también Cesar Augusto Sandino, el General de Hombres libres, un indio subtiava nacido en Niquinohomo, Nicaragua, quien exigió siempre no solo ser respetado sino creído ¨porque nunca había pedido para sí otra cosa que no fuera el pedazo de tierra donde debería ser enterrado.

Alfonso Cortes, otro nicaragüense poeta como Darío con quien compartió época y amistad dijo en su famoso poema ¨Ventana¨ lo siguiente: ´un trozo de azul, tiene mayor intensidad que todo el cielo¨.


Un poeta español, cuyo nombre no recuerdo pero si sus versos, pedía a gritos:    


¨… Hay que sembrar pan para que no haya pobres,
Amasar a los hijos con los brazos,
Como el vino respirar y las palomas,
Hay que hacerlo todo sencillo, tan sencillo
Que no cueste trabajo creerlo…¨

Los milenarios antiguos tienen en su acervo cultural este axioma: ¨Una imagen vale más que diez mil palabras¨.

Evoco todo esto al presentarles ¨Juan Bosch y los Militares del autor sanjuanero nacido en Santo Domingo, Rafael Calderón Efres ( )
En cien páginas, Calderón Efres nos presenta una colección de 68 fotografías del archivo personal de su padre, quien fuera el jefe del cuerpo de ayudantes miliares del presidente constitucional Juan Bosch, en 1963. El libro se intercala con diez textos, tan sencillos como los renombrados versos de Martí, tan sencillos, que ¨no cuesta trabajo creerlo¨.
El personaje del libro es Juan Bosch, tal y como lo sugiere el titulo. Bellamente satinadas, la portada y contraportada lo presenta en imágenes cargadas de significados: Imponente, sencillo, visionario, lleno de dominio escénico. La portada nos presenta a un Bosch intelectual apoyado en la sencillez de un sillón presidencial blanco, frente a una sencilla mesa blanca de estilo francés contrastado con su cabeza blanca cargadas de blancas ideas. Detrás de Bosch, prácticamente encima de su espalada, vigilantes, cuatro torvos halcones criollos, los mismos que cinco meses después por boca de uno de ellos le diría de frente: ¨Señor Presidente, usted y todos los aquí presentes, considérense prisioneros¨.
El cuerpo iconográfico del libro es al mismo tiempo sustancia espiritual. Lo que habla en sí sin palabras. El autor deviene en una especie de mágico director de orquesta cuya sinfonía sal espontánea de las imágenes contándonos de nuevo lo que sucedió entonces, todo lo que albergaba la mente proterva de los militares deshonestos y ambiciosos, desleales y traidores. Santanas, redivivos enseñados sobre una nívea encarnación duartiana.
La otra no tiene pretensiones intelectuales de alto vuelo. Ni la necesita. Ella aspira en si misma a enseñar a las generaciones presentes la hipocresía y traición de un grupo de militares de procedencia y accionar trujillistas que no creían en los valores de la Democracia ni en los del hombre que la estrenaba después de 1 años de sangrienta dictadura, época de terror aposentado en cada hogar dominicano.
La parte textual nos lleva de Bosch a su ministro de las Fuerzas Armadas, de Bosch a su jefe de la Aviación, de Bosch, al jefe de la Marina de Guerra, de Bosch al jefe del Ejercito Nacional, de Bosch a los nombrados, ‘‘héroes por decreto’’ de un Consejo de Estado ‘‘de facto’’.
En la página 51 se puede leer una verdad radiante como un sol: ‘‘Idos los Trujillo del país, el ascenso político de ambas figuras fue meteórico’’. ‘‘Por esa heroicidad fueron incorporados como miembros del Consejo de Estado’’. Al final recuerda que ‘‘otra ley del Congreso los incorporó como Generales de Brigada, sin tener ninguno de los dos, antecedentes militares’’. ‘‘Cuando se produjo el Golpe de Estado, ambos héroes nacionales endosaron esa acción’’. Es valiente la declaratoria de este testimonio histórico que apunta directo hacia los destructores de Democracia y progreso de los pueblos.
El autor introduce su libro como manifiesta humildad, que de hecho es un homenaje a la lealtad de su padre por su presidente y al presidente mismo por su moral. Doble homenaje a dos hombres que admira. Es homenaje de amor y gratitud que trasluce el apego a la institucionalidad y a la verdad historia.
Sin tomar partido ni juzgar a nadie, Calderón Efres organiza su caleidoscopio visual y textual y se lo ofrece al público de hoy. Son las mismas páginas quienes vociferan las verdades ocultadas, silenciadas que la Historia siempre saca a flote a través de obras como ésta.
‘‘… Hemos aquí, dicen las páginas, a nosotros, responsables del asesinato de la Democracia, nosotros, responsables de los baños de sangre, los autores de los genocidios que siguieron al ‘‘Golpe’’ y los que precedieron al ‘‘Golpe’’, ¡ay! Palma Sola, la mártir, la masacrada y calumniada. En ti comenzó el ‘‘Golpe’’. Tu sangre inocente fue la alfombra que llevó a los golpistas al Palacio Nacional. ¡Ah!, militares trujillistas escurridos de humanidad, vacios de moral, hipócritas, Santanas de nuevo cuño.
En la página 67 hay unas proféticas palabras de Bosch cuando se hizo retratar entre el Coronel Rafael Fernández Domínguez y el cura francisco Sicard. ‘‘Estoy –dijo entonces Bosch-, entre la espada y la cruz’’. Ya presentía su gólgota.
El mayor acierto del libro –a nuestro entender- y la que enciende una llama de esperanza en nuestros jóvenes militares de hoy estudiosos y patriotas, esta la referida a Bosch y el Coronel Rafael Tomas Fernández Domínguez. Para Bosch, fue el dominicano que más lo impresiono después de su regreso al país. ‘‘Por su integridad, su firmeza que se veía a simple vista, como si aquel joven militar llevara por dentro un manantial de luz ’’. y lo llevaba, porque ese manantial de luz desemboco en la Revolución de Abril que se hizo Guerra Patria y que pario a otro coronel, sanjuanero por más señas, Francisco Alberto Caamaño Deño.


No quiero terminar estas reflexiones que ha provocado en mi la lectura de este libro, sin antes sugerirle al autor de ‘‘Juan Bosch y los militares’’, que pareciera que faltaron dos iconografía y sus textos: la del Coronel Francisco Caamaño y la del General Miguel Rodríguez Reyes, ambos ligados a Bosch, ambos ligados a la Palma Sola, ambos ligados al Golpe de Estado a Juan Bosch. A ambos, quisieron sacarlos de la Historia nacional en Palma Sola; sólo lograron anular uno con su asesinato, el otro caería veinte años después, en 1973. Al General Rodríguez Reyes los norteamericanos le pidieron derrocar a Trujillo dos años antes del tiranicidio; se negó por lealtad. Luego pidieron lo mismo para derrocar a Bosch, cuando este lo tenía elegido para su Ministro de las Fuerzas Armadas. También, se negó por respeto a la institucionalidad. 


Palma Sola, fue el inicio del fin de Juan Bosch la primera piedra de Golpe de Estado. Con el General Rodríguez Reyes tal vez hubiéramos tenido una historia parecida a la de Cuba. O simplemente la Historia hubiera sido otra. Sería entonces complementario incluir en una segunda edición de esta obra, a estos dos personajes de nuestra historia contemporánea.

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