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martes, 24 de mayo de 2016

Retrato de una madre


Manuel Bidó Mateo



Mamá se levantaba temprano a preparar café y un rico desayuno para que sus hijos pudieran irse contentos hacia la escuela. Nosotros nos poníamos en fila de manera ordenada, es decir,  por orden de tamaño. Yo era el mayor pero siempre me ponía delante porque mi tamaño lo permitía. Algunos de mis hermanos sentían  celos al punto de enemistarse conmigo; yo no les hacía caso. No les haga caso mi hijo decía Mamá cuando veía que  se molestaban mis hermanos. En esa trifulca nuestra ella nos regañaba  enseñándonos que debíamos mostrar unidad ante todas las cosas.

Cuando salíamos del recinto escolar llegábamos a casa con la boca ceniza implorando comer aunque fuera una tajada de aguacate, sin embargo, la doña nos recibía con un almuerzo impregnado de amor, entrega.

Mi vieja era una especie de chica superpoderosa, abogada,  doctora, rescatista, psicóloga, cantante,etc.

Nos hemos marchado de su lado, pero con el honor y orgullo de que tuvimos una madre ejemplar merecedora de todos los méritos.

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